Mala
educación
ES ESENCIAL en la obtención de buenos resultados que los padres
trabajen con sus hijos en lugar de enchufarles la tele para que no
molesten
MANUEL CASTELLS - 18/12/2004 Barcelona
Los resultados del informe Pisa sobre la calidad de la
educación en los países de la OCDE han vuelto a situar a España y a
Catalunya por debajo de la media y en el grupo de países europeos
con peores resultados educativos. Pocos días después una encuesta a
3.232 alumnos de ESO solicitada por la Conselleria d´Educació de
Catalunya abunda en el mismo sentido. Lo más preocupante no es sólo
que la mayoría de los estudiantes de secundaria tiene problemas en
temas clave como matemáticas, lectura o escritura, sino que el
abandono escolar se sitúa por encima de un 30% en Catalunya y a un
nivel aún más alto en el conjunto de España. Tal y como han señalado
los informes de investigación del Projecte Internet Catalunya,
frente al discurso voluntarista sobre el desarrollo de la sociedad
de la información se yergue en el país el obstáculo de una sociedad
desinformada. La esperanza era que el atraso cultural y educativo
con respecto a la mayoría de los países de nuestro entorno fuera una
rémora del franquismo, que se iría superando conforme las nuevas
generaciones se beneficiaran de tasas de escolarización comparables
a las de los países más avanzados. Pero resulta que escolarizar y
educar no es lo mismo. Y ahí estan los datos preocupantes de un
sistema escolar que no rinde a los niveles correspondientes a
nuestro desarrollo socioeconómico general.
Por cierto que por mal que andemos, en la clasificación del informe
Pisa, España aún se coloca por encima de Estados Unidos, lo cual
muestra que entre el nivel económico y el nivel educativo se sitúan
otra serie de factores de los que depende qué y cómo aprenden
nuestros hijos. Y es ahí donde el informe Pisa, y otros estudios,
peca de insuficiencia analítica. Se constata, pero apenas se
explica. Y al encerrar el problema en una caja negra se desatan toda
clase de interpretaciones al gusto de cada uno, acabando con la
recomendación habitual de invertir más en educación aunque sin saber
en qué. Es evidente que con más presupuesto se puede hacer más. Pero
también es probable que más de lo mismo produzca rendimientos
marginales decrecientes sin alterar la esencia del problema. Por
tanto, permítanme un cambio de tercio en la observación para
encontrar algunas claves.
Hay un estudio reciente de uno de los mejores expertos en educación,
el profesor Martín Carnoy, de Stanford, que compara los resultados
educativos en distintos países de América Latina. Comprueba, una vez
más, que la división público/privado no explica la calidad una vez
que se controla el efecto del nivel de educación de los padres, lo
cual quiere decir que, en realidad, se paga más cara la educación
privada sin mejorar el resultado, exceptuando las escuelas de elite.
Pero, además, el estudio entra en el análisis de los factores que
explican la diferencia de resultados escolares.Ylo hace a partir de
un dato ya constatado en otras investigaciones: la superioridad en
términos de resultados escolares medibles del sistema educativo
cubano con respecto a los demás países americanos, incluido Estados
Unidos. Dejando de lado interpretaciones ideológicas de uno y otro
signo, Carnoy identifica dos factores clave. Por un lado, la
atención continuada de los padres en la educación de sus hijos. Por
otro lado, el compromiso pedagógico profundo de los enseñantes. Este
último factor se explica porque en Cuba los sueldos no varían mucho
entre las distintas ocupaciones, por lo cual, los bajos sueldos de
los enseñantes no actúan, como en otros países, en particular
Estados Unidos, como factor de rechazo para las personas más
capacitadas. Y en cambio, hay un elemento vocacional que tiene la
recompensa del trato con los niños. En España, y en el resto del
mundo, también se da este elemento vocacional, pero tiene que ser
rayano en el sacrificio para compensar la diferencia de sueldo que
personas capacitadas podrían obtener en otras ocupaciones. O sea,
cuanta menos competitividad en la sociedad, más margen para
dedicarse a enseñar a gusto y eso se nota. Pero el otro factor es
aún más importante: la implicación de los padres y madres en la
familia. Y aquí, el sistema cubano es más eficaz porque exige a los
padres y madres que lo hagan. Hay una fuerte presión social en ese
sentido, organizada desde la propia escuela.Cuidado: ni Martín
Carnoy ni yo abogamos por un sistema autoritario que dicte a la
familia lo que hay que hacer. Pero es relevante constatar el
mecanismo esencial en la obtención de buenos resultados escolares:
que los padres trabajen con sus hijos en lugar de enchufarles la
tele para que no molesten. Una comparación curiosa es que Carnoy
documenta que el mismo fenómeno, con iguales excelentes resultados,
se produce en Estados Unidos en las escuelas de las bases militares:
a aquellos padres que no se ocupan de sus hijos con problemas les
hacen retirarlos de la escuela de la base y que los lleven a la
escuela municipal. De nuevo, el argumento no es la disciplina
militar como solución del problema, sino la capacidad o incapacidad
de una sociedad de ocuparse de la educación de sus menores, por el
mecanismo que sea.
Ampliemos ahora el marco de la comparación volviendo al informe
Pisa. No hay análisis explicativo, pero sí indica qué países
despuntan claramente en los resultados escolares. Por un lado, son
los asiáticos, Japón y Corea en primer lugar. Por otro lado, en
Europa, Finlandia aparece con mejores resultados que el resto. Los
buenos resultados de los países desarrollados de Asia del Este es
una constante en los estudios internacionales de educación. Yse
suele relacionar con la importancia que las culturas de origen
confuciano dan a la educación. Pero no en abstracto, sino a través
de la preocupación cotidiana de las familias. Invertir tiempo y
dinero en la educación de los hijos es fundamental en esa cultura.
Dicha actitud se perpetúa en la emigración, por ejemplo en
California. Así, los asiáticos representan un 5% de la población de
California, pero en la mejor universidad pública, Berkeley, en donde
se accede estrictamente por selección de nota, más del 40% de los
estudiantes son ahora asiático-americanos. La otra observación
relevante es la de Finlandia, país sobre el que he investigado y en
el que la calidad de la educación a todos los niveles es el factor
esencial de que se haya situado como primera sociedad de la
información del mundo. En este caso, sin coerción ninguna, las
escuelas finlandesas ponen el acento en la colaboración entre
enseñantes y padres en la educación de los estudiantes, sobre todo
de los estudiantes que se retrasan. Pero hay algo más, propio de
Finlandia: el esfuerzo de dedicación especial a alumnos con
problemas, sin segregarlos de los demás, de modo que el abandono
escolar es mínimo. Para esto sí se requieren fondos porque es caro
personalizar la educación (aunque más caro es, en Estados Unidos,
invertir en policía y en cárceles para los que fracasan).
¿Cómo aterrizar esta discusión en el aquí y ahora? Me guardaré de
admoniciones que no vayan acompañadas de análisis razonados y
medidas específicas. Lo que sí es probable es que la mayoría de las
familias están superadas por los acontecimientos y no pueden o no
quieren invertir esfuerzo y tiempo, transmitir valores, ejercer una
disciplina inteligente con niños y jóvenes que, cada vez más, campan
por sus respetos. En esas condiciones, aunque sea injusto pedir a la
escuela que trate los problemas que son de la familia, parece
inevitable que los enseñantes aparte de enseñar matemáticas
transmitan valores de vida, pero en la práctica, sin monsergas. A
cambio, pueden aprender tecnologías de información de sus
estudiantes ya que, según las encuestas, éste es el único terreno en
el que los niños van bien sin que necesiten otra cosa que una
vigilancia discreta de su navegación. También podría reflexionarse
sobre las experiencias de algunas escuelas públicas de Barcelona de
tutorar a los niños más jóvenes con los más avanzados o de grupos de
padres y alumnos que ponen en común sus experiencias de forma
regular. Mucho de lo que hay que hacer está ya inventado, sobre todo
en la Catalunya de Rosa Sensat. La cuestión fundamental es reconocer
el problema educativo y situarlo en su contexto social, sin obviar
la necesidad de recursos, pero poniendo a los alumnospersonas en el
centro de la relación entre escuela, familia y sociedad. En ello nos
va el futuro, como país y como personas.
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