Para que los niños lean
José Antonio Marina propone a los educadores normas para crear lectores
XAVI AYÉN - 25/02/2005 Barcelona
Si hay un método Estivill para que los niños
duerman, ¿podría funcionar un método Marina para que los niños lean? El
ensayista -y profesor de instituto- José Antonio Marina (Toledo, 1939)
pronunció ayer en CosmoCaixa la conferencia ¿Se puede recuperar la magia
de la lectura?, en la que apuntaba -a un auditorio de educadores-
algunas maneras de paliar el bajo índice de lectura de la población española.
"Conforme avanzan los alumnos en el proceso educativo -explicaba, poco antes
del acto, a este diario-, los alumnos cada vez leen menos, de manera que los
de primaria leen más que los de los primeros cursos de secundaria, pero
éstos son más lectores que los de los últimos cursos, y en la universidad ya
se produce un cataclismo. Eso es muy peligroso, porque si el ciudadano no es
capaz de comprender argumentos de una cierta complejidad ni los valores que
se transmiten a través de la escritura, acaba fascinado por eslóganes,
consignas o exabruptos. Y semejante tosquedad perjudica la convivencia,
tanto la privada como la pública". Siguen sus planes para evitarlo:
1. COMUNICAR LA EUFORIA. "Hay que facilitar que el niño domine con
soltura los mecanismos de la lectura. A mis alumnos les cuesta horrores leer,
les da mucho trabajo, y por eso no lo hacen, porque no es placentero. Es una
labor que debe hacerse con los niños de 5, 6 y 7 años, con una pedagogía que
les introduzca esa rutina. Mi propuesta es insistir en la experiencia
eufórica que favorece la adquisición del lenguaje hablado: el niño siente
una intensa alegría al aprender a hablar porque se siente poderoso, puede
hacer con las palabras un montón de cosas. Leer es lo mismo: podrá leer el
cuento cuando quiera, acceder a las mismas cosas que el adulto..."
2. SUPRIMIR LOS CLÁSICOS. "Hemos de empezar a cuidar más los contenidos.
Por ejemplo, la lectura de los clásicos debería estar prohibida en toda la
secundaria. Quevedo es un genio, pero tiene obras aburridas hasta la
exasperación. Para la enseñanza, es mucho más interesante Harry Potter
que El Quijote,por eso millones de niños lo leen. La lectura no debe
crear rechazo. El hijo de mi jardinero me pidió un libro de Gonzalo de
Berceo que le hacían leer en clase. ¡Vaya aberración! Somos capaces de
comprender bien las formas plásticas arcaicas, pero el primitivismo
literario no nos aporta gran cosa a esas edades".
3. PADRES LECTORES. "Los padres tienen gran influencia. Es importante que
el niño esté en contacto con libros en casa. Y, desde el punto de vista del
desarrollo de la inteligencia, no es bueno que el niño vea tres horas de
televisión al día, pero ya no por los contenidos, sino por cómo interfiere
una experiencia semejante en el desarrollo de las habilidades mentales del
niño, que queda imposibilitado para la lenta experiencia de la lectura".
4. FRECUENTAR LAS BIBLIOTECAS. "La ciudad donde se vive es importante, es
decir, debe contar con bibliotecas que ofrezcan actividades infantiles, que
el niño se habitúe a ir allí a divertirse, en un contexto de libros, aunque
sea a otra cosa. Las movilizadoras deberían ser las bibliotecas escolares,
con profesores que animaran a visitarlas".
5. RECITAR VERSOS Y CANTAR. "Deberíamos recuperar la antigua costumbre de
que los niños aprendieran canciones y versos de memoria. Eso, además de dar
gozos de la memoria, distrae y desarrolla potencialidades cerebrales, y la
capacidad rítmica".
6. CAMBIAR EL DISCURSO. Para José Antonio Marina, "no podemos seguir
defendiendo la lectura con los mismos argumentos con que se hacía en los
años cincuenta, porque el problema de entonces no tiene nada que ver con el
actual. Algunas funciones que los libros tenían antes -como el contacto con
la aventura, con mundos lejanos o con la novedad- las cumplen hoy marcos
comunicativos más sencillos de captar, como el cine o la televisión. La
función educativa de la lectura, más allá del placer que provoca, es que los
ciudadanos sean capaces de comprender mensajes complejos. Pero no puede
sustituir a los medios audiovisuales: nadie leería hoy la transcripción
completa de un debate televisivo, aunque sí pueda ser interesante verlo
durante dos horas".
7. CONCLUSIÓN: LO QUE NOS HACE HUMANOS. El ensayista opina que "el gusto
por la narración es algo tan permanente en nosotros que lo podemos
considerar definitorio de la especie humana. La propia estructura de nuestra
inteligencia es narrativa, tenemos una especial predisposición a escuchar
historias. Que nos interesen de tal modo las vidas ajenas es, sin duda, una
gran demostración de sociabilidad. La narración ha sido la gran educadora
psicológica de la humanidad. El hombre siempre ha contado historias, como
siempre ha pintado, compuesto música o inventado religiones. Y esas grandes
constantes de la humanidad nos indican más lo que somos que cualquier
tratado de antropología".
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