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REGALAR SENTIDO: UN REGALO PARA UNA FIESTA DE ANIVERSARIO Francesc Grané
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El domingo amaneció frío, y con amenaza de tormenta. Cerca de la Mola de Sant Llorenç, a pocos kilómetros de Barcelona, tres familias lo habían preparado todo, desde hacía semanas, para que en la fiesta de aniversario de sus hijos los contenidos centrales de la educación que les quieren dar pasaran a ocupar el primer plano de este día tan especial: «Este año hemos decidido celebrar el aniversario de nuestros hijos trabajando con ellos el concepto de la Solidaridad. Por ello pedimos que no traigáis ningún regalo ya que tendremos la oportunidad de contribuir en un proyecto de cooperación infantil en países en vías de desarrollo». Así rezaba la invitación a la fiesta del séptimo aniversario de los pequeños Llorenç, Víctor y Max. Curioso. Una fiesta de aniversario sin la cola enorme de regalos (¡quién da más!). En la sociedad de la abundancia, la fiesta de aniversario es a menudo una gran pedagogía, la pedagogía de la compra-venta. ¿Qué hacer para que la buena voluntad, para qué la generosidad de familiares, padres y amigos, no se ahogue en el intercambio publicitario de regalos? ¿Qué hacer para que la fiesta más personal de un niño o de un adulto adquiera un significado capaz de expresar un auténtico proyecto de vida? ¿Es posible que nuestros hijos reciban de nosotros cosas más importantes que dinero u objetos? La fiesta reunió a decenas de niños y niñas. Se realizaron todo tipo de actividades, desde talleres de manualidades, ramos silvestres, hasta juegos de mesa y partidos de fútbol conjuntamente padres e hijos. En todas ellas se hacía hincapié en el valor de la solidaridad, del servicio, de la austeridad. Los padres habían escogido un proyecto de solidaridad: Toma un niño de la mano, que busca dotar a una ludoteca en Colombia. En el interior de una sala, centenares de láminas con dibujos de juguetes, de muñecos, de coches, de payasos... daban pie a que cada familia hablara de solidaridad y pudiera escoger alguna de dichas láminas con objeto de financiar el proyecto de la ludoteca. ¡Esa invitación al diálogo entre padres e hijos fue realmente un regalo para las familias! Cada uno de esos dibujos servía como pretexto para que los padres compartieran con sus hijos valores como la gratuidad, la pobreza, el servicio desinteresado, la justicia, la solidaridad... En eso, el protagonismo era absolutamente de cada una de las familias. Llegó la comida. Al finalizar, uno de los pequeños expresó su deseo de conocer quiénes eran los niños a los que se quería ayudar. –¿No tiene móvil?–, preguntó Max. Casualmente, se disponía del teléfono de una de las familias colombianas, así que pudimos hablar en directo con los destinatarios del proyecto. Las palabras y los proyectos, así, no quedaron en algo abstracto. ¡Pudieron descubrir que realmente los niños de «Toma un niño de la mano» existen! La solidaridad no quedaba en palabras. Porque si de algo se trataba era de poner vida, de llenar de realidad y de experiencia las grandes palabras. El discurso de los valores encontraba una nueva vía para concretarse. En el día de su aniversario, Llorenç, Víctor y Max vivieron una experiencia que tendrá continuidad en sus vidas: el inicio de una relación con unas familias de Colombia. Sus padres decidieron ir más allá del dinero: regalarles sentido. Sentido para sus fiestas. Sentido para sus vidas. |